lunes, 28 de agosto de 2017

El Espejo de las Ánimas







EL ESPEJO DE LAS ÁNIMAS







Abidos, 30 de septiembre de 1982

<Derek, no me dejes, por favor Derek, no me dejes aquí sola.- La voz susurra angustiada,- seré buena, me portaré bien. Por favor Derek, no me dejes aquí, no me dejes aquí- el tono de voz se va elevando hasta convertirse en un grito desgarrado- Dereeek. >

Un muchacho se despierta sobresaltado, completamente empapado en sudor. Ha sido una pesadilla, solo un mal sueño. Al menos eso es de lo que intenta convencerse mientras tira de su cabello hacia atrás.
No, lo cierto es que no ha sido solo un sueño. Es algo mucho peor, un recuerdo que no quiere irse, y que se vuelve más real a medida que se acerca a su destino.
Frustrado y sabiendo que no volverá a conciliar el sueño, decide salir de la tienda donde hasta hace unos momentos descansaba. El cielo está estrellado, un signo de buen augurio. Sonríe condescendiente al mirar a un par de ratas que se encuentran bastante cerca de él. Desde el prado en el que está puede verse a lo lejos una tierra yerma, totalmente seca y sin nada de valor, aparentemente. Muy pocos, aparte de él, saben cuál es el verdadero secreto que guarda ese desierto, el templo escondido del Dios Osiris, mucho más allá del templo de Osireion.
Vuelve a echarse el rubio cabello hacia atrás y respira hondo, el corazón todavía le late desenfrenado. Pero eso ya no le preocupa, tan solo le separa de su tan preciado premio el camino que muestra el mapa guardado bajo su ropa.


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Algún lugar del desierto de Nubia, 25 de noviembre de 1982

-¡Maldición!- un muchacho ojeroso ruge completamente fuera de sí, esto no le debería estar pasando, la puerta debía abrirse, pero no ha sido así.
Desesperado, Derek comienza a quitarse los zapatos, completamente llenos de arena. Y se tira en el suelo con la espalda apoyada en la pared, no lo puede creer, todo el viaje, el esfuerzo, el sacrificio han sido en vano. Todo para nada. Busca la cantimplora de agua en su mochila, aullando de dolor al rozar las quemaduras infligidas por un sol que no da tregua. Consigue sacarla, solo para ver que no le queda ni una mísera gota en el interior. Siente los labios rotos, la garganta seca, el cuerpo ardiendo. Arroja la cantimplora hacia un lado con fuerza y empieza a rascarse frenéticamente el cuello con ambas manos. Tiene la piel tan seca por su viaje a través del desierto que pronto empieza a sentir  un líquido caliente manchar sus manos. Sorprendido se las mira, solo parar descubrir que están llenas de sangre. Sus ojos se abren al máximo y grita de dolor y frustración. Respirar se le va haciendo más difícil, y sus ojos empiezan a cerrarse, cada vez que parpadea puede sentir la cantidad de granos de arena que le cubren los párpados. Finalmente cae exhausto ante la puerta del templo que tanto tiempo llevaba buscando.


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<Derek por favor seré buena, me portaré bien- la voz de una niña pequeña suplica aterrada- por favor no me dejes aquí con ellos, son malos. No me dejes sola. No me dejes sola- la voz empieza a perder intensidad- sola, sola, sol… -un zumbido intenso empieza a llenarlo todo- DEREK>

El último grito parece tan real que consigue sacar al muchacho del sopor en el que se encontraba.
 Despierta rodeado por sombras que se van alargando a una velocidad alarmante, comienza a anochecer en el desierto. Rápidamente empieza a mirar por todas partes en busca de un refugio, sabe que si permanece mucho más tiempo a la intemperie, morirá de hipotermia.
De repente sus ojos se fijan en un saliente del templo: “qué extraño, juraría que eso no estaba ahí antes”. Intrigado se dirige al trozo de pared irregular. Al examinarlo con más atención se da cuenta de que parece una extraña puerta, de la cual sale un suave brillo. Loco de emoción intenta empujarla para abrirla totalmente. Sin embargo todos sus esfuerzos se ven frustrados, pues no es capaz de moverla ni un solo milímetro.  
Bufando y echándose el pelo hacia atrás, decide golpear una última vez la puerta con los puños. Al ver que esta sigue sin moverse apoya la cabeza contra la pared, apretando con fuerza los dientes, totalmente rendido. Siente el sudor caer por su frente, y ve cómo se precipita hasta el suelo, dejando una marca en la arena. Esto le hace darse cuenta de un extraño símbolo que está semioculto en el suelo.
Alza la ceja izquierda y empieza a retirar la arena que lo cubre, es un símbolo en un lenguaje arcano que no consigue reconocer. Lo acaricia con cuidado, casi con miedo, como si fuera a evaporarse al más mínimo roce. Los dedos le tiemblan contra la piedra en la que está tallado.
De pronto el leve brillo que emanaba de la ranura de la puerta, se vuelve tan intenso que tiene que cerrar los ojos y tapárselos con la mano. Se ha abierto la puerta. Un par de carcajadas nerviosas se les escapan sin darse cuenta, por fin va a entrar en el templo de Osiris.
La luz empieza a bajar de intensidad y Derek, sin un solo titubeo, cruza el umbral. Al acostumbrarse a la luz, lo primero que puede diferenciar es que se encuentra en una enorme sala de paredes doradas y altas columnas blancas. De las paredes cuelgan cuadros de personas, todas ellas llevan túnicas blancas y muestran rostros con expresiones de terror y globos oculares en blanco. Un escalofrío le recorre el cuerpo.
Sin embargo no se detiene mucho tiempo mirando los retratos, en los cuales pierde el interés rápidamente, y empieza a correr por el pasillo central, sobre un suelo de mármol blanco.
Se detiene frente a una gran puerta marrón con detalles dorados, intenta abrirla, pero al tirar de ella escucha un extraño “clic” resonando por toda la sala.
De la nada una especie de torbellino comienza a formarse a unos metros de él, volviéndose más grande y violento con cada giro.
Derek completamente aterrado intenta protegerse detrás de una de las columnas más cercanas, sin embargo el torbellino avanza hacia él.
Con los ojos totalmente abiertos y las manos temblándole, echa a correr hacia la otra punta de la sala. Para su asombro el torbellino parece cambiar de dirección para ir en su busca.
El torbellino es cada vez mucho mayor y gira más rápido, tanto que consigue arrastrar lentamente a Derek. El muchacho intenta agarrarse a otra de las columnas, pero la fuerza del ahora tornado es tal, que cuando se da cuenta ya está girando con él. De repente empieza a sentir una fuerza que lo arrastra hacia el centro del tornado. Intenta enfocar la vista pero las vueltas que da son tan rápidas que es incapaz de lograrlo y su visión termina por nublarse. Siente como si atasen su cuerpo, como si unas manos invisibles tiraran de él. Entonces escucha una risa desagradable, sobrenatural, inhumana, y el tornado con la misma velocidad que se formó, desaparece. Tras chocar contra el suelo intenta levantarse, pero su mareo se lo impide y vuelve a caer.
El muchacho, totalmente desconcertado, mira hacia todos lados para comprobar que ciertamente el tornado ha desaparecido, tras eso vuelve a intentar ponerse en pie, esta vez con algo más de éxito, y tambaleándose bastante en el proceso.
Le sobresalta un ruido repentino, la puerta se ha abierto.
Temblando violentamente se acerca a la puerta y se asoma, no ve nada, todo está muy oscuro. Antes de internarse en la nueva habitación, mira hacia atrás, la primera puerta ha desaparecido, le cuesta tragar saliva al darse cuenta. Por primera vez desde que inició su viaje, está realmente asustado. Respira profundamente un par de veces, y termina por entrar en la habitación. Nada más hacerlo, la puerta se cierra tras él dando un portazo.
Siente un soplo de aire frío golpearle el cuello, y sin hacerse esperar un escalofrío le recorre la columna.
La habitación está inmersa en la más profunda oscuridad, no se ve nada, no se oye nada. Además la temperatura ahí dentro es muy baja.
Echa su pelo hacia atrás mientras intenta tranquilizarse, espera unos momentos a que sus ojos se acostumbren a la poca visibilidad, pero es en vano, todo a su alrededor está sumido en sombras impenetrables.
Sin embargo decide empezar a caminar hacia delante, y guiado en parte por el miedo en parte por la determinación, empieza a arrastrar lentamente los pies mientras extiende un poco los brazos. El cuerpo le pesa horriblemente. Tras unos pocos minutos, los cuales se le hacen eternos, comienza a vislumbrar una pequeña mota blanca a lo lejos. Con fuerzas renovadas empieza a dar unos pasos titubeantes, de pronto siente como su pie descalzo toca una superficie húmeda. Se agacha para tocar con los dedos el agua que se extiende por el suelo. De todas formas continúa su camino en línea recta hacia el pequeño punto luminoso.
A medida que avanza nota cómo el nivel de agua  va ascendiendo, hasta el punto cubrirle las rodillas. Pero lejos de amedrentarse, decide seguir en esa dirección pues el punto brillante parece ser más grande conforme se acerca.
“Supongo que tendré que empezar a nadar” se dice a sí mismo cuando el agua ya le llega al pecho.
Pasan varios minutos en los cuales se sigue internando en el extraño lago, asegurándose de llevar siempre la dirección correcta hacia el foco de luz.
De pronto siente cómo una corriente de agua fría lo envuelve, lo que hace que Derek se detenga. Y cómo un tentáculo viscoso y mucho más frío que la corriente anterior, se aferra a su pierna y tira de él hacia abajo.
Apenas ha cogido aire ante tan brusca inmersión, pero consigue abrir los ojos para darse cuenta de que tampoco puede ver al tipo de criatura que le ha cogido y que lo arrastra hacia el fondo. Solo consigue detectar un par de orbes rojos, y de repente más oscuridad. La criatura, utilizando otro de sus tentáculos, le ha envuelto la cabeza oprimiendo con fuerza sus ojos. Ante esto expulsa el poco aire que tenía, siente el pecho arder. En sus oídos vuelve a sonar la misma risa insana y desquiciada que escuchó en la primera habitación. Pero cuando más perdido se creía el agarre se afloja y un golpe, más fuerte que cualquiera de los puñetazos que ha recibido durante toda su vida, le impulsa hacia arriba. Patalea y bracea desesperado hacia la superficie, pero el primer trago de agua entra inevitablemente antes de llegar a su destino. Para su suerte consigue sacar la cabeza tan solo un par de segundos después, por lo que puede expulsar todo el agua.
 Tosiendo y con el pecho y los ojos ardiendo, se da cuenta de que a unos pocos metros se encuentra la extraña luz que vio en un principio. Se va arrimando lentamente a ella, mientras lo hace nota que le pasa algo extraño, no puede ver bien, todo parece estar envuelto por la niebla. Le achaca la culpa al mareo que siente.
 Ya solo le separan un par de metros de la luz, que ahora vista de cerca tiene un tono verdoso, levanta el brazo para alcanzarla, nunca le había pesado tanto la ropa. Por fin sus dedos consiguen rozar algo tan inmaterial como es la luz, pero él tiene la sensación de haber tocado una cortina de seda más que ese haz luminoso.
Todavía tiene el brazo levantado cuando la luz empieza a expandirse hasta cubrirlo todo, cegándolo en el proceso. Cuando por fin vuelve a abrir los ojos se encuentra en un escenario completamente diferente.
Un pasillo estrecho y casi en ruinas se abre camino hasta un pequeño cuarto circular dónde, sujeto a unas figuras enormes de un cayado heka y un mayal*, descansa un espejo. El espejo tiene los bordes de un color negro tan profundo que parece absorber la luz a su alrededor. El muchacho intenta volver hacia atrás, pero la tercera puerta también ha desaparecido. Resopla, tensa la mandíbula y empieza a respirar entrecortadamente. Se muerde el labio inferior y una vez más vuelve a echar su pelo hacia atrás. Con los ojos desorbitados emprende el camino hacia el espejo, algo no le cuadra, el marco del espejo debía ser dorado, no negro. Su avance hacia la pequeña sala circular es lento, camina casi arrastrando los pies. Cuando por fin se planta ante el espejo, todo el miedo que sentía hasta ese momento desaparece, y en su lugar la fascinación por el ancestral objeto vuelve a reinar en todo su ser. Suelta una risilla infantil y comienza a observar las esculturas gigantescas más de cerca. Las toca para asegurarse de que no son producto de su mente cansada. Tras eso empieza a examinar el espejo, dando la vuelta para poder verlo por detrás, puede parecer que es tan normal como cualquier otro espejo, pero en su interior guarda un poder sin comparación. Tan ensimismado está al admirar el espejo, que no se da cuenta de la figura que se alza detrás de él.
-Es precioso, ¿no te parece?- una voz profunda le sobresalta y hace que dé un paso hacia atrás, chocando con la escultura del mayal.
Ante él una figura que viste una túnica blanca le da la espalda. Lentamente se va dando la vuelta, una capucha le cubre el rostro, con una inclinación de cabeza le indica el espejo,- siempre ha atraído la atención de curiosos- lo ve sonreír bajo la túnica.
-¿Quién es usted?- la interrogante de Derek sale agresiva y nerviosa, consiguiendo reflejar el terror que inunda su cuerpo.
En esta ocasión el intruso se ríe,- tienes toda la razón, yo sé muchas cosas de ti, Derek, en cambio tú no sabes nada de mí.- El hecho de que el extraño sepa su nombre hace que todo su cuerpo se tense.
-Yo soy el guardián de este espejo, o para ser más precisos el espectro guardián del espejo de Osiris.- Mientras habla va retirando su capucha, y deja al descubierto el rostro de un hombre mayor, adornado con una perilla blanca. Pero lo que hace que Derek vuelva a dar un par de pasos hacia atrás, tropiece y caiga, es el color verde que  presenta la cara del espectro.- Pareces sorprendido- se burla el anciano.
A duras penas Derek consigue ponerse en pie, y empieza a balbucear- pero…, cómo…, esto…, cómo has…, no lo entiendo- el cansancio y la desesperación empiezan a hacer mella en él.
-Bueno, empecemos por el principio, ¿no te parece?- El espectro sigue mostrándose amigable y risueño.- ¿Sabes cuáles son los verdaderos poderes del espejo?   
Ante esta pregunta y la sorprendente actitud del anciano, Derek empieza a sentirse confiado,- claro que lo sé, este espejo puede convertir a aquel que consiga llegar a él en inmortal, nada podrá dañarme, nada podrá detenerme.- Empieza a hablar sin darse cuenta en primera persona y el espectro asiente sonriendo.
- Sí, más o menos es eso- le concede mientras se lleva las manos a la espalda.- Digamos que este espejo se creó en tiempos de Ramsés II, con la intención de que los faraones fueran inmortales, eternos. Hasta ese momento creían en la momificación para asegurar la inmortalidad después de la muerte pero, ¿y si podían conseguir la inmortalidad estando todavía vivos? Los egipcios se volvieron codiciosos. Cuando los hombres se enteraron del poder que portaba intentaron apoderarse de él. El espejo fue robado. En aquellos tiempos nadie podía confiar en nadie, los padres mataban a sus hijos, los hijos asesinaban a los padres, amigos de toda la vida se torturaban para poder hacerse con el espejo. Al ver esto, el dios Horus volvió al mundo de los mortales para hacerse con él, y poder confinarlo fuera del alcance de los hombres. Para ello creó un nuevo templo en honor a su padre Osiris, el dios del Más Allá. El templo se ocultó en el desierto, y el espejo en él. Pero la leyenda siguió viva, por lo menos hasta ahora.
Derek había estado escuchando la historia atentamente, guardando silencio, pero acercándose poco a poco hacia el espejo.
-Sin embargo el espejo pide algo a cambio- esa revelación provoca que Derek pare su lento avance hacia el espejo.- Verás la inmortalidad se ve bloqueada por los lazos mundanos, ¿lo sabías?- el muchacho asiente a la pregunta del espectro.- Esos lazos nos atan a este mundo, por eso es necesario liberarse de ellos, dejarlos fluir, olvidarlos, destruirlos.- El espectro se encoge de hombros al decir eso último.- ¿Has hecho tú eso?
Le da un mal presentimiento por donde va la conversación, pero el espectro le sigue sonriendo benévolamente, por lo que responde sin dudar- sí.
El espectro empieza a reír estridentemente, cuando consigue serenarse le contradice- permíteme dudarlo y mira por el espejo- añade señalando el objeto.
Mira fijamente al anciano que sonríe ante él, después lentamente se gira para mirar por el espejo, lo que ve le deja clavado en el sitio.
Es él hablando con un hombre, el hombre le está dando un papel, lo reconoce como el mapa que ha utilizado para llegar hasta allí. Se ve a sí mismo señalando un punto detrás de él, se oye un llanto aterrado. El hombre avanza en esa dirección, se escucha un golpe seco, el llanto ha cesado y en su lugar se empieza a oír una risa. Ahora lo sabe, la risa que escuchó en las salas del tornado y del lago es la misma que escucha ahora. Igual de inhumana, igual de cruel. De repente la imagen se nubla y no ve nada más.
-Entonces, ¿tu lazo mundano era tu hermana pequeña?- Asiente a la pregunta con la cabeza, es incapaz de hablar. Echa su pelo hacia atrás, eso le hace darse cuenta de que está empapado en sudor.- Ya veo, pero tú no has hecho nada para romper el lazo.- Derek le mira incrédulo.
-¿Cómo que no? La vendí a un circo ambulante para que tratara con las bestias, lo más seguro es que ahora mismo esté muerta.- Termina gritando sin darse cuenta, su respiración está agitada a causa del miedo que empieza a sentir.
-Pero si ella no está muerta el lazo todavía existe, por lo que no podrás hacerte con el control del mundo, ni hacer sufrir a todos los que una vez se burlaron de ti y te hicieron daño en el orfanato.- Al muchacho se le abre la boca al descubrir que el espectro estaba al tanto de sus intenciones desde el principio, este sin embargo solo le sonríe de forma amigable para luego añadir.- Debiste matar tú mismo a tu hermana y no esperar a que otros hicieran el trabajo por ti,- y sonriendo de una forma más macabra, le ordena- mira de nuevo por el espejo.
Derek temblando obedece al guardián y lo que ve le deja desolado. Una muchacha rubia de unos ocho años está en un bañera llena de burbujas, a su lado hay una mujer arrodillada que la ayuda a bañarse. Esta vez cuando la imagen se vuelve borrosa, una garra se cierra sobre su cuello y lo echa hacia atrás. Cuando se recupera del golpe ve cómo la garra pertenece al espectro y cómo su cara pasa de un color verde a uno tan negro como el marco del espejo.
-Pero Derek, amigo tú tranquilo, no te preocupes, que yo te voy a dejar atravesar el espejo, al fin y al cabo es tu sueño. Sino no habrías dado tu vida por conseguirlo- vuelve a reírse, pero esta vez su risa es como la del hombre al que le vendió a su hermana, y resuena por todo el lugar. Mientras el espectro se ríe, en el espejo se forma una imagen, es el templo por fuera, todo está muy oscuro, la noche se ha cerrado sobre el desierto. De pronto ya no escucha la risa del guardián y sus ojos se quedan fijos en un bulto al pie del templo. La imagen se acerca más y le revela que lo que está viendo es a él mismo. Derek ve su imagen acurrucada fuera del templo, ve su cuerpo inmóvil, ve cómo su pecho ya ni sube ni baja, ve cómo está muerto.
-No, no, eso no es posible, estoy aquí- se dirige al espectro quién vuelve a sonreír siniestramente.
-Todos decís lo mismo, pero vuestras avaricias y ansias de poder son tan grandes que os ciegan por completo. Ninguno veis la verdad.
Al decir eso señala el camino por el que Derek ha venido. Ahora es muy diferente a como era cuando entró por él, las paredes que rodeaban el pasillo y el cuarto han desaparecido, dando paso a un abismo en el que es imposible ver el fondo.
Entonces Derek se mira en el espejo y este le devuelve la imagen de un muchacho vestido con una túnica blanca, su rostro aparte de reflejar un terror total contiene dos globos oculares en blanco. Entonces lo recuerda, los cuadros de la primera sala.
Se gira desesperado buscando al espectro, pero este ya no está, solo perdura la risa desquiciada de un circense que amenaza con volverle loco a él también. Y entonces lo escucha, el espectro guardián vuelve a hablarle una última vez,- aquí tienes tu preciada inmortalidad, quedarás atrapado para toda la eternidad en tu propio cuadro, advirtiendo del peligro del templo a incautos que seguirán llenando las paredes como tú. Pero antes despídete de tu querido lazo mundano.
Sin esperarlo una fuerza invisible tira de él y lo saca del templo, puede observar su cuerpo muerto durante unos segundos. Esa fuerza lo arrastra a través del desierto, cruzan un mar. La fuerza lo guía por la ciudad de la Torre Eiffel, donde las nubes se abren para dejarle paso, y en una casa pintada de un color marrón claro, el cual le recuerda a la arena del desierto, ve a una niña rubia dormida. De pronto ve cómo la niña abre sus ojos azules y cómo mueve sus labios, y sin hacerse esperar la fuerza vuelve a tirar de él hacia el templo del dios Osiris. La risa vuelve a retumbar en sus oídos, esta vez para siempre, atormentando el resto de su existencia como un alma atrapada, como una ánima.


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París, 26 de noviembre de 1982

La lluvia torrencial inunda las calles de la ciudad. Los pequeños brotes de luz que aparecieron en la mañana, son ya un recuerdo totalmente olvidado por los parisinos, gracias a las negras nubes que cubren el cielo por completo.
El viento aúlla furioso, como si quisiera escapar de una jaula invisible en busca de su tan preciada libertad. Algunos árboles no son capaces de resistir la brutalidad del temporal, y terminan por ceder, cayendo sobre los coches que descansaban cerca de ellos.
En la carrera del cielo los relámpagos son los más rápidos en aparecer, iluminan brevemente los rostros de los niños que miran por la ventana y que se esconden al llegar el atronador sonido de un nuevo integrante. Los truenos, que se escuchan por toda la ciudad, portan el aterrador mensaje de que en cualquier momento partirán el cielo en mil pedazos.
En una de esas casas ignorando los gritos de libertad del viento, la caída de los árboles, la luz cegadora del relámpago y la promesa destructora de trueno, se encuentra una muchacha rubia. Está descansando sobre una cama con sábanas que no raspan, en una habitación que por primera vez en su vida no debe compartir con nadie.
Desde que nació no conoció otra cosa que no fueran los cuatro muros que rodeaban el orfanato. Un día su hermano de sangre, según lo que les había contado la directora de aquel lugar, compartió con ella un plan de fuga infalible. Al principio se negó, alegando que allí tenían todo lo que necesitaban, que no había motivos para marcharse. Pero él empezó a hablar de la libertad con forma de fresa y sabor a azúcar, y sería su imaginación la que aumentaría las ganas de conocer lo que eran las chucherías, provocando que siguiera a su hermano en tan extraño plan.
Lo que nunca imaginó, fue que él la cambiaría por un plano a un par de hombres, los cuales disfrutaban al pinchar con palos puntiagudos a animales que dormitaban en jaulas ridículamente pequeñas.
Los últimos cuatro meses de su vida los había vivido acompañada por esos crueles personajes, quienes la obligaban a limpiar las jaulas, muchas veces con los propios animales dentro.
Pero un día, un ángel se apareció ante ella con la apariencia de una mujer de mediana edad, regordeta y cuyo cabello negro empezaba a blanquearse en algunas zonas. Su ángel resultó ser la mujer de un inspector que, mientras su marido revisaba las instalaciones, curioseaba el lugar con la fortuna de encontrarla a ella.
La cara que mostró la mujer fue una de puro horror cuando la encontró limpiado un garrote de acero oxidado, en la jaula de un león tan desnutrido que ni siquiera se molestó en levantar la cabeza cuando la mujer abrió la jaula y la sacó de allí. Tras eso se presentó con ella y su marido en la comisaría más cercana.
Las horas siguientes se entretuvo intentando descifrar la conversación de las secretarias, lo cual le resultó bastante complicado pues solo fue capaz de escuchar algunos segmentos como: “durante dos kilómetros”, “fin de la persecución”, “cuatro policías”, “en las vías del tren”, “doce muertos”, “tiroteo”, “un cabecilla”.
No supo cuándo se quedó dormida, pero siempre recordaría perfectamente cómo a la mañana siguiente, al despertarse en una cama con sábanas limpias, la mujer le daría la noticia de que quería adoptarla.
Una semana después se encontraba durmiendo en esa misma cama, ignorando el vendaval que se desataba fuera de la casa.
Sin embargo la presencia de una luz, indetectable para el ojo humano, cruzó el cielo, haciendo callar a su paso al viento y acobardando con su presencia a los truenos. Los árboles cesaron su destructor baile y los relámpagos se escondieron atemorizados.
Fueron esos cinco segundos de paz los causantes de despertar a la niña que, sentándose en la cama, pronunció las dos palabras que bastarían para hacer que la tormenta volviera a rugir con fuerza; “Adiós Derek”.  




Rocío Diestro García



He tardado, lo sé, lo sé 😓. Pero aquí tenéis el relato más largo que he escrito hasta ahora 💪.
Qué queréis que os diga, después de tantos exámenes, informes y pruebas en el laboratorio, me he tomado un buen descanso😁😜. Espero que os guste este "espejo", porfa comentad, saludad, o decid algo 😇.
Ah, se me olvidaba, esta es una imagen del cayado heka y del mayal:

Nos leemos pronto 😎.

martes, 13 de junio de 2017

Laboratorio Nocturno








          LABORATORIO  NOCTURNO
(Esta historia está basada en hechos reales, es una experiencia propia)

-No os marchéis todos, que no quiero quedarme sola en el laboratorio de noche- la profesora nos lo pide por favor, realmente no quiere quedar la última, parece un ruego. Miro hacia atrás y la veo un tanto apurada con sus macutos, decido esperarla.
Me alcanza sonriendo y resoplando, empieza a contarme lo poco que le gustaría quedarse atrapada sola en estas instalaciones.
De pronto sale del aula continua la profesora del segundo curso, no sabía que estuviera ahí. Las dos empiezan a hablar sobre asuntos a los que no presto atención, acabo de recordar que no llevo la bata, la dejé en clase.
Rápidamente doy media vuelta, dispuesta a recuperarla, es viernes por la noche y no la volvería a ver hasta el lunes por la tarde, eso es demasiado tiempo.
Entro, y enciendo las luces de nuestra clase, puedo localizar mi bata en seguida. La recojo y guardo en la mochila, me dirijo a la puerta apagando de nuevo las luces del aula. Pero noto algo extraño, todo el laboratorio está sumido en una profunda oscuridad, solamente interrumpida por una débil luz amarilla que se cuela por el tragaluz más alejado.
Me dirijo hacia la entrada del laboratorio tropezándome con una silla de camino. Una vez allí llamo a la puerta pensando que tal vez las dos profesoras todavía estén al otro lado de la puerta, lamentablemente no es así.
La primera reacción que tengo es reírme ante tal situación, no es la primera vez que me quedo encerrada en alguna clase. Descubro el lugar en el que se encuentran los interruptores del laboratorio. Una vez iluminado todo el lugar, empiezo a intentar encender mi móvil, le quedaba muy poca batería, espero poder llamar a alguien.
El laboratorio se encuentra en el patio interior del instituto, bastante alejado de la salida, nadie podría escucharme desde allí.
Increíblemente el teléfono se enciende, pero tan solo cuenta con un cuatro por ciento de energía. De todos modos decido llamar al 112, tras unos segundos de espera una muchacha se pone al otro lado de la línea.
-Hola, ha llamado al 112, teléfono de emergencias. ¿En qué podemos ayudarle?
-Pues verás, es que me he quedado encerrada en el laboratorio del instituto, y no hay nadie que pueda oírme ahora.- La verdad es que dicho en alto, suena bastante tonto el que me haya quedado así.
-Vaya, qué faena- me rio ante ese comentario, y asiento con la cabeza, tras eso me doy cuenta de que no me ve.- Bueno tú mantén la calma y dime tu nombre y dónde está tu instituto.
-Me llamo Rocío Diestro García, y es el instituto Santiago Apóstol de Almendralejo.
-…endralejo,  muy bien sabes en qué calle está el instituto.- Ahí me ha pillado, yo soy de Almendralejo, pero muchas veces es como si no lo fuera, me cuesta bastante recordar el nombre o ubicación de alguna calle.
-La verdad es que no me sé el nombre de la calle.
-Vale, pues espera un momento que lo busco, tú estate tranquila.- Es la segunda vez que me pide calma y que intenta “tranquilizarme”, si me viera sentada sobre la mesa con la mochila al lado y jugueteando con una pipeta Pasteur, no estaría tan preocupada.
-Bien, ya lo he encontrado- pero de pronto escucho voces fuera y se lo hago saber a la muchacha, que me insta a intentar llamarles la atención.
Resultan ser las limpiadoras, que advertidas por la profesora, han vuelto al laboratorio. Me preguntan cómo me encuentro y si estoy bien, “perfectamente” pienso. Por lo visto les he dado pena porque no dejan de preguntarme por mi estado, ni de decir lo poco que les habría gustado a ellas estar en mi situación.
Tras despedirme emprendo el camino a casa, pensando que el lunes voy a tener una buena historia que contar.



Rocío Diestro García

Ya se que esta historia estaba publicada en "lo que la profesora espera de este blog", pero me pareció que su verdadero "hogar" estaba en esta parte, rodeada de otros relatos.
Bueno dejad comentarios sobre esta u otras historias, hasta la próxima 😎.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Rise (Capítulo 2)






       ZORET




Me despierta un montón de nieve que cae de las ramas del árbol bajo el que descanso.
Maldigo por lo bajo, tengo los pies congelados. Miro a mi alrededor, el paisaje no se podría definir como alegre precisamente. Hace días que abandoné los senderos, y siguiendo el curso del río congelado, me alejé del pueblo en el que me había hospedado. Ahora solo puedo contemplar árboles muertos y torcidos a causa del viento y la nieve.
Me pongo en pie, no sin dificultad, y sacudo la nieve de mis ropas. De repente noto como me rugen las tripas, a medida que he ido avanzando hacia el norte la comida ha empezado a escasear. Miro en mi zurrón solo para confirmar mis sospechas, una hogaza de pan duro y unas cuantas bayas es todo lo que me queda.
Suspiro con fastidio y retomo la marcha, lo cierto es que no sé muy bien adónde me dirijo, solo sé que los dragones habitan en los picos más altos de las Montañas Heladas, bastante más al norte de donde yo me encuentro.
                              
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Llevo todo el día caminando, con los sentidos alerta por si encuentro algún rastro o con algo de suerte alguna presa.
Entonces veo unos arbustos moverse, el sonido que producen causa que me ponga en guardia y rápidamente me preparo para el ataque. Respiro hondo, mentalmente me digo que todavía estoy lejos del hogar de los dragones, mi arco no le haría nada a ninguno de esos monstruos.
Mis ojos están fijos en el arbusto, mientras que noto como mi mano derecha, con la que sujeto la fecha, tiembla contra mi barbilla.
Tomo  aire para intentar relajarme, pero un nuevo movimiento me hace olvidar expulsarlo.
Lentamente me voy acercando, a medida que la distancia se reduce me doy cuenta de que en realidad no es un arbusto, sino una maraña de ramas secas.
Tenso la cuerda, la flecha está lista parar salir disparada. De pronto una figura se alza entre las ramas negras.
Esto consigue sobresaltarme y hacerme errar el tiro. Pero el susto no me dura mucho, pues la figura, extrañamente, parece ser humana.
Se despereza de espaldas a mí, mientras que bosteza sonoramente. Todavía no he cambiado de posición cuando la figura se da la vuelta rascándose la nuca. Al verme suelta un chillido bastante agudo.
 -Espera, espera, espera, espera- comienza  a hablar bastante rápido- oye no he hecho nada malo, por favor baja el arco, de verdad no he hecho nada.- Gesticula mucho al hablar, me doy cuenta de que a pesar del gritito inicial, se trata de un muchacho.
Voy bajando el arco mientras le grito- sal de ahí, te vas a hacer daño.
Para mi sorpresa comienza a reírse, y brincando sale de entre las ramas. Parece que todo el miedo que pudiera haber llegado a sentir se ha evaporado.
Se posiciona ante a mí frotándose el ojo izquierdo. No es más que un chiquillo enclenque de unos quince años. Unas greñas marrones le cubren parte del rostro, es tan pálido como todos los habitantes de estas montañas, y varias pecas le adornan la cara.
A pesar de toda la ropa de pieles que lleva, se puede ver que está tan delgado que parece no haber comido en semanas.
Lleva una especie de cinto negro que le cubre orejas y ojos, cómo es posible que me haya visto si tiene los ojos tapados. Parece  que nota mi extrañeza hacia la venda, porque se la quita dejando al descubierto un par de ojos del color de los azulejos de montaña*.
 -Se puede ver a través- me habla como si nunca le hubiera apuntado con un arco- los hice yo mismo para evitar que los irnis pongan huevos en mi cerebro- una amplia sonrisa orgullosa le cubre por completo la cara.
 -Para empezar, si realmente tuvieras cerebro no creerías que existen los irnis- le pico con una sonrisa socarrona, a él en cambio se le ha esfumado la suya y en su lugar ha aparecido una mueca de indignación.
 -Claro que existen, son criaturas del bosque, los irnis son conocidos por vivir en lugares muy fríos, como esta nieve que nos rodea. Son muy territoriales, y a la hora de poner huevos prefieren colocarlos dentro de animales de sangre caliente. También se creía que eran criaturas malvadas, porque atacaban a todo aquel se cruzara por su camino provocándole una inmovilización total o parcial del cuerpo. Yo creo que simplemente no saben controlar su emoción, imagina a alguien viviendo sólo en este lugar, sería de lo más aburrido. Pues a ellos seguro que les pasa lo mismo, y claro se alegran tanto de ver a gente que no se controlan.- Termina su pequeño discurso sin darse cuenta de que realiza demasiados aspavientos al hablar.
-Chaval, todas las “criaturas del bosque” que creas que existen, no son más que un cuento que las madres usan para hacer que los niños se porten bien y se duerman por la noche.- Me he entretenido demasiado hablando con él, he de reemprender mi marcha, es hora de terminar con esta charla improvisada.- Mira, ha sido un placer, pero tengo que irme, ya voy con retraso.
-¿A dónde vas? Por aquí no hay nada interesante.
-Eso mismo digo yo, ¿qué haces aquí tú solo? ¿Quién eres?
-Yo soy el gran Zoret, y he venido aquí para demostrar que no estoy chalado. Voy en busca de criaturas del bosque para capturarlas, y de esa forma todos verán que digo la verdad y que no estoy loco.- A medida que habla su voz se va alzando tanto que termina en un grito, lo que contradice un poco la idea de negar su falta de cordura.
-Mira chaval…
-Zoret, me llamo Zoret.
-Mira “chaval”- le recalco esa palabra- vuelve a casa con tu madre, que la tendrás preocupada, y déjate de tantas tonterías.
-Pero yo no puedo volver si no llevo conmigo ninguna criatura- está bastante alicaído, pero no pienso dejar que eso me afecte, tengo una misión por delante que pienso cumplir.
-Tengo una idea para ti- eso parece animarlo, pues levanta su cabeza hacia mí- la próxima vez lo único que tienes que hacer es dormir sin ese raro antifaz tuyo, así conseguirás que los irnis pongan huevos en tu cerebro, y podrás volver con ellos a casa.
 Empieza a soltar maldiciones por lo bajo y a patear la nieve, mientras yo me rio de él.
- Venga ya, ¿qué tienes cinco años?
-No, tengo diecisiete- responde furioso. Vaya, por su aspecto habría jurado que no llegaba a los quince, y su pataleta no ha ayudado mucho.
-Bueno da igual, yo tengo que irme y tú deberías hacer lo mismo.
-Espera un momento, yo he respondido a tu pregunta, pero tú no has respondido la mía.- Se cruza de brazos mirándome fijamente. 
-¿Pregunta? ¿Qué pregunta?- Realmente no recuerdo qué pudo haberme preguntado.
-¿Adónde vas? Se ve claramente que tú no eres de por aquí, por eso me interesa saberlo. Si mueres me sentiré terriblemente responsable.- Termina con un dramático suspiro y con la mano sobre su frente.
-Si muero, tú no sabrás que lo he hecho.- No quiero que nadie sepa adonde me dirijo, podrían estorbarme en este nuevo negocio.
-No evadas el tema, respóndeme- es bastante tozudo.
-Si  te lo digo, ¿te irás y me dejarás en paz?
-Sí- responde triunfal.
-Voy a cazar dragones.



Rocío Diestro García



* los azulejos de montaña son unos pajaritos azules, esta es una imagen:

Ya he vuelto, y como leeréis es la continuación de Rise 😆😆😆.
No sabéis lo que ha costado buscar los nombres para Zoret y para los irnis 😂, ya os lo dije soy negada para los nombres.
Bueno comentad si os ha gustado, si tenéis alguna sugerencia, o simplemente para saludar.
Hasta la próxima 😎.

viernes, 5 de mayo de 2017

Soledad







         SOLEDAD







Pensaba que ya no la encontraría, llevaba días buscándola, sin embargo allí estaba, sentada con las piernas cruzadas, detrás de la estatua del ángel.
Siempre se había sentido cómoda en aquel lugar, yo en cambio todavía a día de hoy sufro escalofríos al pasar por allí.
Miraba fijamente la tumba de sus padres, seguía sin zapatos y con el mismo camisón que llevaba la última vez que la vi, antes de escaparse del hospital.
No fue hasta que llegué a su altura que me di cuenta que en realidad tenía la mirada perdida, mirando al infinito. Muchas veces me pregunto si era porque mantenía conversaciones internas, reflexionando sobre todo lo que le estaba pasando, o si realmente dejaba su mente en blanco como solía afirmar.
Le puse mi chaqueta sobre sus hombros y me senté a su lado, parecía que ni siquiera se había dado cuenta de mi presencia, sus ojos seguían fijos en las lápidas.
Nos mantuvimos en esa misma posición varios minutos, hacía frío, empezaba a sentir los miembros entumecidos. Sin embargo seguimos sin decir nada, mirando a la nada.
El viejo farol seguía titilando a nuestras espaldas, al igual que la primera vez que fuimos, sin ser capaz de extinguir las sombras que se alzaban, y que parecían a punto de engullirnos en una oscuridad total, absoluta, eterna.



Rocío Diestro García





Bien volví con un pequeño relato para matar un poco el gusanillo de la escritura😈. Estoy preparando un primer capítulo para Rise, espero que os guste.
Nos leemos pronto😎.

sábado, 29 de abril de 2017

AVISO

Quería recomendar una cosa, veréis soy nueva en estoy de hacer un blog y bastante novata en el manejo del ordenador, el error está en que al intentar colocar un par de cosas en el blog, se han trastocado un par de textos (rise y datos personales).
Lo que quería decir es que para los que leáis esto por el teléfono móvil no vais a leerlos bien, pero podéis solucionarlo si le dais a la opción "ver versión web" que aparece al final de cada texto seleccionado.
Puede que algunos esto ya lo supierais, pero a la gente negada como yo en estos temas os vendrá bien saberlo.
Gracias por leer😎

Rise (Capítulo 1)





     RISE 
   (alzarse)




-Dragones- el tabernero se queda mirándome fijamente, y repite algo más tranquilo- dragones.
El ambiente en el local vuelve a relajarse tras la pasional charla de aquel pobre hombre.
Tomo otro trago de cerveza, sabe a aguarrás. Finjo que no me doy cuenta de las insistentes miradas que sigue lanzándome, mientras intenta inútilmente limpiar un vaso. Se rasca la calva, toca la cicatriz que hay bajo su ojo izquierdo, y vuelve al lugar donde me encuentro.
-Escucha joven, te lo digo de verdad- mira a ambos lados del bar, pero toda la gente ha vuelto a las charlas joviales que mantenían antes de mi pregunta.- Si quieres ganar dinero no hay nada como la sangre de esos bichos, pero ni lo intentes, uno de esos demonios me hizo esto- termina señalando otra vez el muñón maloliente que tiene en lugar de mano.
Tras esa última advertencia se aleja renqueante hacia la otra punta de la barra.
Siento como me rechinan los dientes a causa de la indignación que me carcome por dentro, primero se burla de mi y ahora me compadece con esa falsa pena. Me termino de un trago su asquerosa cerveza, le dejo un par de monedas como pago y salgo de allí.
El viento y la nieve me reciben golpeando mi cuerpo, me coloco la capucha e inicio mi marcha hacia las montañas. Lo mejor será disfrutar de este frío que me cala los huesos, ya habrá tiempo para sentir el calor infernal que emana de la garganta de esos monstruos.



Rocío Diestro García



(No sé si dejarlo aquí o seguir con una continuación para esta historia, déjame tu comentario plasmando tu opinión al respecto. Gracias por leer una de las idas de cabeza que escribo en clases un tanto tediosas 😎).

Crueldad





              CRUELDAD

 (el título lo dice todo, leer queda bajo tu propia responsabilidad)



Crueldad, ¿qué es realmente el ser un personaje cruel?
A mi mente vienen las imágenes de mi niñez, el día de mi noveno cumpleaños. El señor de la guerra Kalibura había declarado que la vida de todos los jóvenes varones capaces de pelear, le pertenecían.
Cuando sus soldados se presentaron en nuestra aldea, los padres y muchachos intentaron rebelarse, no ir a una guerra que no era la suya.
Sangre por todas partes, cabezas que rodaban por el barro, casas y cuerpos incendiados. Madres que recibían hachazos mientras intentaban proteger a sus vástagos, muchachos de doce o trece años que eran arrancados de sus hogares para irse al galope con aquellos guerreros que seguían órdenes de Kalibura.
Yo tuve suerte, caí en el pozo que teníamos en la aldea en medio de aquel apogeo. El cuerpo sin vida del padre de una amiga me cayó encima, con una gran oquedad sangrante en la garganta.
Pasé dos días en aquel pozo, cuando conseguí salir de allí un olor putrefacto me esperaba en la superficie. Las ratas, perros y gatos campaban a sus anchas. Encontré el cuerpo de mi tío, con quien me crié, en estado de descomposición, y aplastado por cascos de los caballos de aquellos hombres.
El que no pude encontrar fue el cuerpo de mi hermano mayor.
Estuve deambulando tres o cuatro meses, comiendo lo que encontraba por el campo, y de vez en cuando me topaba con más aldeas arrasadas.
Un día desperté por el estrépito que formaban caballos al galope. En estado de desesperación trepé por el árbol en el que había estado descansando. Aquellos jinetes, sin embargo no eran del ejército de Kalibura, eran dos gitanos que como me contarían después, pertenecían a un circo ambulante.
Pasé con ellos seis años en los que el dueño de aquel circo me aceptó en el mismo, y donde aprendí el arte del equilibrismo, haciendo juegos malabares sobre la cuerda floja. Pude olvidar el infierno que había vivido, ellos se encargaban de que así fuera.
Pero las cosas buenas no duran eternamente. Kalibura no quería artistas en su imperio, tenía miedo de que pusieran al pueblo en su contra. Y dio la orden de matar a todo pintor, músico, o semejante que estuviera en "su" país.
 Nosotros sí contábamos con un par de músicos, pero Fam era de opinión fija, si ellos se iban nos íbamos todos. El jefe siempre había sido un cabezón. Yo sonreí cuando me enteré, los consideraba a todos mi familia y no quería perderlos.
Estuvimos una semana viajando sin descanso, hasta que por fin pudimos ver la frontera. Entonces los caballos de Jean y Pierre, los hermanos gitanos, llegaron sin ellos.
Fam dio la orden para que las caravanas fueran a la máxima velocidad posible, y cuando ya podíamos saborear la libertad, nos cogieron.
El general que iba al mando nos ordenó salir a todos de las caravanas. Nos enseñó una bolsa a la cual dio la vuelta, de ahí salió la cabeza de Pierre con una expresión de terror en el rostro.
Fam intentó abalanzarse sobre él, pero dos de sus soldados lo redujeron. Después dio una orden y otros tres soldados se adelantaron para coger a nuestros músicos y hacerlos arrodillarse ante él.
Entonces sus ojos se fijaron en mí, eran del color del acero, y en ellos brilló una chispa de reconocimiento. De repente, y ante el desconcierto de sus hombres se quitó el casco.
Una sonrisa socarrona que yo conocía muy bien asomó en sus labios. Era mi hermano.
Miró la poca distancia que nos separaba del país vecino y dijo-" Veo que has crecido"- mientras me miraba fijamente.
Yo sonreí y le supliqué-" Nerón, por favor, déjanos irnos hermano".
Él seguía mirándome y sonriéndome, desde el suelo Fam me miraba esperanzado. Nerón se acercó a él y lentamente le rajó la garganta, sin quitarme la mirada de encima. Yo me abalancé contra él, pero como le había pasado a Fam me inmovilizaron contra el suelo.
Vi como el hombre que me había querido como un padre moría desangrado ante mí, sin yo poder hacer nada más que gritar su nombre, y notar las lágrimas corriendo por mis mejillas.
Entonces Nerón, aquel a quien una vez llegué a llamar hermano, anunció a sus hombres-" Matadlos"- y volviendo su mirada de acero hacia mí añadió sonriendo-" a todos".



Rocío Diestro García



¿Y bien qué os parece esta pequeña historia? En mi opinión está bien hasta aquí, pero tanto una compañera del grado como uno de mis dos hermanos, a quienes dejé leer esto, opinan que debería tener una continuación. Dejad vuestros comentarios al respecto, porfa me hacen muy feliz😜 (algunos hasta el punto de ponerme a dar palmaditas en mi cuarto😁). Muchas gracias a todos los que me habéis comentado.
Ah y también agradecerle a un compañero que me echara una mano con los nombres, pues yo soy nefasta a la hora de ponerles nombres a mis personajes😐.
Gracias y hasta la próxima!!!!😎