EL ESPEJO DE LAS ÁNIMAS
Abidos,
30 de septiembre de 1982
<Derek, no me dejes, por favor Derek, no me
dejes aquí sola.- La voz susurra angustiada,- seré buena, me portaré bien. Por
favor Derek, no me dejes aquí, no me dejes aquí- el tono de voz se va elevando
hasta convertirse en un grito desgarrado- Dereeek. >
Un muchacho se despierta sobresaltado,
completamente empapado en sudor. Ha sido una pesadilla, solo un mal sueño. Al
menos eso es de lo que intenta convencerse mientras tira de su cabello hacia
atrás.
No, lo cierto es que no ha sido solo un sueño.
Es algo mucho peor, un recuerdo que no quiere irse, y que se vuelve más real a
medida que se acerca a su destino.
Frustrado y sabiendo que no volverá a conciliar el
sueño, decide salir de la tienda donde hasta hace unos momentos descansaba. El
cielo está estrellado, un signo de buen augurio. Sonríe condescendiente al
mirar a un par de ratas que se encuentran bastante cerca de él. Desde el prado
en el que está puede verse a lo lejos una tierra yerma, totalmente seca y sin
nada de valor, aparentemente. Muy pocos, aparte de él, saben cuál es el
verdadero secreto que guarda ese desierto, el templo escondido del Dios Osiris,
mucho más allá del templo de Osireion.
Vuelve a echarse el rubio cabello hacia atrás y
respira hondo, el corazón todavía le late desenfrenado. Pero eso ya no le
preocupa, tan solo le separa de su tan preciado premio el camino que muestra el
mapa guardado bajo su ropa.
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Algún lugar
del desierto de Nubia, 25 de noviembre de 1982
-¡Maldición!- un muchacho ojeroso ruge
completamente fuera de sí, esto no le debería estar pasando, la puerta debía
abrirse, pero no ha sido así.
Desesperado, Derek comienza a quitarse los zapatos,
completamente llenos de arena. Y se tira en el suelo con la espalda apoyada en
la pared, no lo puede creer, todo el viaje, el esfuerzo, el sacrificio han sido
en vano. Todo para nada. Busca la cantimplora de agua en su mochila, aullando
de dolor al rozar las quemaduras infligidas por un sol que no da tregua.
Consigue sacarla, solo para ver que no le queda ni una mísera gota en el
interior. Siente los labios rotos, la garganta seca, el cuerpo ardiendo. Arroja
la cantimplora hacia un lado con fuerza y empieza a rascarse frenéticamente el
cuello con ambas manos. Tiene la piel tan seca por su viaje a través del
desierto que pronto empieza a sentir un
líquido caliente manchar sus manos. Sorprendido se las mira, solo parar
descubrir que están llenas de sangre. Sus ojos se abren al máximo y grita de
dolor y frustración. Respirar se le va haciendo más difícil, y sus ojos
empiezan a cerrarse, cada vez que parpadea puede sentir la cantidad de granos
de arena que le cubren los párpados. Finalmente cae exhausto ante la puerta del
templo que tanto tiempo llevaba buscando.
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<Derek por favor seré buena, me portaré bien-
la voz de una niña pequeña suplica aterrada- por favor no me dejes aquí con
ellos, son malos. No me dejes sola. No me dejes sola- la voz empieza a perder
intensidad- sola, sola, sol… -un zumbido intenso empieza a llenarlo todo- DEREK>
El último grito parece tan real que consigue
sacar al muchacho del sopor en el que se encontraba.
Despierta
rodeado por sombras que se van alargando a una velocidad alarmante, comienza a
anochecer en el desierto. Rápidamente empieza a mirar por todas partes en busca
de un refugio, sabe que si permanece mucho más tiempo a la intemperie, morirá
de hipotermia.
De repente sus ojos se fijan en un saliente del
templo: “qué extraño, juraría que eso no estaba ahí antes”. Intrigado se dirige
al trozo de pared irregular. Al examinarlo con más atención se da cuenta de que
parece una extraña puerta, de la cual sale un suave brillo. Loco de emoción
intenta empujarla para abrirla totalmente. Sin embargo todos sus esfuerzos se
ven frustrados, pues no es capaz de moverla ni un solo milímetro.
Bufando y echándose el pelo hacia atrás, decide golpear
una última vez la puerta con los puños. Al ver que esta sigue sin moverse apoya
la cabeza contra la pared, apretando con fuerza los dientes, totalmente rendido.
Siente el sudor caer por su frente, y ve cómo se precipita hasta el suelo, dejando
una marca en la arena. Esto le hace darse cuenta de un extraño símbolo que está
semioculto en el suelo.
Alza la ceja izquierda y empieza a retirar la
arena que lo cubre, es un símbolo en un lenguaje arcano que no consigue
reconocer. Lo acaricia con cuidado, casi con miedo, como si fuera a evaporarse
al más mínimo roce. Los dedos le tiemblan contra la piedra en la que está
tallado.
De pronto el leve brillo que emanaba de la
ranura de la puerta, se vuelve tan intenso que tiene que cerrar los ojos y
tapárselos con la mano. Se ha abierto la puerta. Un par de carcajadas nerviosas
se les escapan sin darse cuenta, por fin va a entrar en el templo de Osiris.
La luz empieza a bajar de intensidad y Derek,
sin un solo titubeo, cruza el umbral. Al acostumbrarse a la luz, lo primero que
puede diferenciar es que se encuentra en una enorme sala de paredes doradas y
altas columnas blancas. De las paredes cuelgan cuadros de personas, todas ellas
llevan túnicas blancas y muestran rostros con expresiones de terror y globos
oculares en blanco. Un escalofrío le recorre el cuerpo.
Sin embargo no se detiene mucho tiempo mirando
los retratos, en los cuales pierde el interés rápidamente, y empieza a correr
por el pasillo central, sobre un suelo de mármol blanco.
Se detiene frente a una gran puerta marrón con
detalles dorados, intenta abrirla, pero al tirar de ella escucha un extraño
“clic” resonando por toda la sala.
De la nada una especie de torbellino comienza a
formarse a unos metros de él, volviéndose más grande y violento con cada giro.
Derek completamente aterrado intenta protegerse detrás
de una de las columnas más cercanas, sin embargo el torbellino avanza hacia él.
Con los ojos totalmente abiertos y las manos
temblándole, echa a correr hacia la otra punta de la sala. Para su asombro el
torbellino parece cambiar de dirección para ir en su busca.
El torbellino es cada vez mucho mayor y gira más
rápido, tanto que consigue arrastrar lentamente a Derek. El muchacho intenta
agarrarse a otra de las columnas, pero la fuerza del ahora tornado es tal, que
cuando se da cuenta ya está girando con él. De repente empieza a sentir una
fuerza que lo arrastra hacia el centro del tornado. Intenta enfocar la vista
pero las vueltas que da son tan rápidas que es incapaz de lograrlo y su visión
termina por nublarse. Siente como si atasen su cuerpo, como si unas manos
invisibles tiraran de él. Entonces escucha una risa desagradable, sobrenatural,
inhumana, y el tornado con la misma velocidad que se formó, desaparece. Tras
chocar contra el suelo intenta levantarse, pero su mareo se lo impide y vuelve
a caer.
El muchacho, totalmente desconcertado, mira
hacia todos lados para comprobar que ciertamente el tornado ha desaparecido, tras
eso vuelve a intentar ponerse en pie, esta vez con algo más de éxito, y tambaleándose
bastante en el proceso.
Le sobresalta un ruido repentino, la puerta se
ha abierto.
Temblando violentamente se acerca a la puerta y
se asoma, no ve nada, todo está muy oscuro. Antes de internarse en la nueva
habitación, mira hacia atrás, la primera puerta ha desaparecido, le cuesta
tragar saliva al darse cuenta. Por primera vez desde que inició su viaje, está
realmente asustado. Respira profundamente un par de veces, y termina por entrar
en la habitación. Nada más hacerlo, la puerta se cierra tras él dando un
portazo.
Siente un soplo de aire frío golpearle el cuello,
y sin hacerse esperar un escalofrío le recorre la columna.
La habitación está inmersa en la más profunda oscuridad,
no se ve nada, no se oye nada. Además la temperatura ahí dentro es muy baja.
Echa su pelo hacia atrás mientras intenta
tranquilizarse, espera unos momentos a que sus ojos se acostumbren a la poca
visibilidad, pero es en vano, todo a su alrededor está sumido en sombras
impenetrables.
Sin embargo decide empezar a caminar hacia
delante, y guiado en parte por el miedo en parte por la determinación, empieza
a arrastrar lentamente los pies mientras extiende un poco los brazos. El cuerpo
le pesa horriblemente. Tras unos pocos minutos, los cuales se le hacen eternos,
comienza a vislumbrar una pequeña mota blanca a lo lejos. Con fuerzas renovadas
empieza a dar unos pasos titubeantes, de pronto siente como su pie descalzo
toca una superficie húmeda. Se agacha para tocar con los dedos el agua que se
extiende por el suelo. De todas formas continúa su camino en línea recta hacia
el pequeño punto luminoso.
A medida que avanza nota cómo el nivel de
agua va ascendiendo, hasta el punto
cubrirle las rodillas. Pero lejos de amedrentarse, decide seguir en esa dirección
pues el punto brillante parece ser más grande conforme se acerca.
“Supongo que tendré que empezar a nadar” se dice
a sí mismo cuando el agua ya le llega al pecho.
Pasan varios minutos en los cuales se sigue
internando en el extraño lago, asegurándose de llevar siempre la dirección
correcta hacia el foco de luz.
De pronto
siente cómo una corriente de agua fría lo envuelve, lo que hace que Derek se
detenga. Y cómo un tentáculo viscoso y mucho más frío que la corriente
anterior, se aferra a su pierna y tira de él hacia abajo.
Apenas
ha cogido aire ante tan brusca inmersión, pero consigue abrir los ojos para darse
cuenta de que tampoco puede ver al tipo de criatura que le ha cogido y que lo
arrastra hacia el fondo. Solo consigue detectar un par de orbes rojos, y de
repente más oscuridad. La criatura, utilizando otro de sus tentáculos, le ha
envuelto la cabeza oprimiendo con fuerza sus ojos. Ante esto expulsa el poco
aire que tenía, siente el pecho arder. En sus oídos vuelve a sonar la misma
risa insana y desquiciada que escuchó en la primera habitación. Pero cuando más
perdido se creía el agarre se afloja y un golpe, más fuerte que cualquiera de
los puñetazos que ha recibido durante toda su vida, le impulsa hacia arriba.
Patalea y bracea desesperado hacia la superficie, pero el primer trago de agua
entra inevitablemente antes de llegar a su destino. Para su suerte consigue
sacar la cabeza tan solo un par de segundos después, por lo que puede expulsar
todo el agua.
Tosiendo y con el pecho y los ojos ardiendo,
se da cuenta de que a unos pocos metros se encuentra la extraña luz que vio en
un principio. Se va arrimando lentamente a ella, mientras lo hace nota que le
pasa algo extraño, no puede ver bien, todo parece estar envuelto por la niebla.
Le achaca la culpa al mareo que siente.
Ya solo le separan un par de metros de la luz,
que ahora vista de cerca tiene un tono verdoso, levanta el brazo para
alcanzarla, nunca le había pesado tanto la ropa. Por fin sus dedos consiguen
rozar algo tan inmaterial como es la luz, pero él tiene la sensación de haber
tocado una cortina de seda más que ese haz luminoso.
Todavía
tiene el brazo levantado cuando la luz empieza a expandirse hasta cubrirlo
todo, cegándolo en el proceso. Cuando por fin vuelve a abrir los ojos se
encuentra en un escenario completamente diferente.
Un
pasillo estrecho y casi en ruinas se abre camino hasta un pequeño cuarto
circular dónde, sujeto a unas figuras enormes de un cayado heka y un mayal*,
descansa un espejo. El espejo tiene los bordes de un color negro tan profundo que
parece absorber la luz a su alrededor. El muchacho intenta volver hacia atrás,
pero la tercera puerta también ha desaparecido. Resopla, tensa la mandíbula y
empieza a respirar entrecortadamente. Se muerde el labio inferior y una vez más
vuelve a echar su pelo hacia atrás. Con los ojos desorbitados emprende el camino
hacia el espejo, algo no le cuadra, el marco del espejo debía ser dorado, no
negro. Su avance hacia la pequeña sala circular es lento, camina casi
arrastrando los pies. Cuando por fin se planta ante el espejo, todo el miedo
que sentía hasta ese momento desaparece, y en su lugar la fascinación por el
ancestral objeto vuelve a reinar en todo su ser. Suelta una risilla infantil y
comienza a observar las esculturas gigantescas más de cerca. Las toca para
asegurarse de que no son producto de su mente cansada. Tras eso empieza a examinar
el espejo, dando la vuelta para poder verlo por detrás, puede parecer que es
tan normal como cualquier otro espejo, pero en su interior guarda un poder sin
comparación. Tan ensimismado está al admirar el espejo, que no se da cuenta de
la figura que se alza detrás de él.
-Es
precioso, ¿no te parece?- una voz profunda le sobresalta y hace que dé un paso hacia
atrás, chocando con la escultura del mayal.
Ante él
una figura que viste una
túnica blanca le da la espalda. Lentamente se va dando la vuelta, una capucha
le cubre el rostro, con una inclinación de cabeza le indica el espejo,- siempre
ha atraído la atención de curiosos- lo ve sonreír bajo la túnica.
-¿Quién
es usted?- la interrogante de Derek sale agresiva y nerviosa, consiguiendo
reflejar el terror que inunda su cuerpo.
En esta
ocasión el intruso se ríe,- tienes toda la razón, yo sé muchas cosas de ti,
Derek, en cambio tú no sabes nada de mí.- El hecho de que el extraño sepa su
nombre hace que todo su cuerpo se tense.
-Yo soy
el guardián de este espejo, o para ser más precisos el espectro guardián del
espejo de Osiris.- Mientras habla va retirando su capucha, y deja al
descubierto el rostro de un hombre mayor, adornado con una perilla blanca. Pero
lo que hace que Derek vuelva a dar un par de pasos hacia atrás, tropiece y
caiga, es el color verde que presenta la
cara del espectro.- Pareces sorprendido- se burla el anciano.
A duras
penas Derek consigue ponerse en pie, y empieza a balbucear- pero…, cómo…,
esto…, cómo has…, no lo entiendo- el cansancio y la desesperación empiezan a
hacer mella en él.
-Bueno,
empecemos por el principio, ¿no te parece?- El espectro sigue mostrándose
amigable y risueño.- ¿Sabes cuáles son los verdaderos poderes del espejo?
Ante
esta pregunta y la sorprendente actitud del anciano, Derek empieza a sentirse
confiado,- claro que lo sé, este espejo puede convertir a aquel que consiga llegar
a él en inmortal, nada podrá dañarme, nada podrá detenerme.- Empieza a hablar
sin darse cuenta en primera persona y el espectro asiente sonriendo.
- Sí,
más o menos es eso- le concede mientras se lleva las manos a la espalda.-
Digamos que este espejo se creó en tiempos de Ramsés II, con la intención de que
los faraones fueran inmortales, eternos. Hasta ese momento creían en la
momificación para asegurar la inmortalidad después de la muerte pero, ¿y si
podían conseguir la inmortalidad estando todavía vivos? Los egipcios se
volvieron codiciosos. Cuando los hombres se enteraron del poder que portaba
intentaron apoderarse de él. El espejo fue robado. En aquellos tiempos nadie
podía confiar en nadie, los padres mataban a sus hijos, los hijos asesinaban a
los padres, amigos de toda la vida se torturaban para poder hacerse con el
espejo. Al ver esto, el dios Horus volvió al mundo de los mortales para hacerse
con él, y poder confinarlo fuera del alcance de los hombres. Para ello creó un
nuevo templo en honor a su padre Osiris, el dios del Más Allá. El templo se
ocultó en el desierto, y el espejo en él. Pero la leyenda siguió viva, por lo
menos hasta ahora.
Derek había
estado escuchando la historia atentamente, guardando silencio, pero acercándose
poco a poco hacia el espejo.
-Sin
embargo el espejo pide algo a cambio- esa revelación provoca que Derek pare su
lento avance hacia el espejo.- Verás la inmortalidad se ve bloqueada por los
lazos mundanos, ¿lo sabías?- el muchacho asiente a la pregunta del espectro.-
Esos lazos nos atan a este mundo, por eso es necesario liberarse de ellos, dejarlos
fluir, olvidarlos, destruirlos.- El espectro se encoge de hombros al decir eso
último.- ¿Has hecho tú eso?
Le da
un mal presentimiento por donde va la conversación, pero el espectro le sigue
sonriendo benévolamente, por lo que responde sin dudar- sí.
El espectro
empieza a reír estridentemente, cuando consigue serenarse le contradice-
permíteme dudarlo y mira por el espejo- añade señalando el objeto.
Mira fijamente
al anciano que sonríe ante él, después lentamente se gira para mirar por el
espejo, lo que ve le deja clavado en el sitio.
Es él
hablando con un hombre, el hombre le está dando un papel, lo reconoce como el
mapa que ha utilizado para llegar hasta allí. Se ve a sí mismo señalando un
punto detrás de él, se oye un llanto aterrado. El hombre avanza en esa dirección,
se escucha un golpe seco, el llanto ha cesado y en su lugar se empieza a oír
una risa. Ahora lo sabe, la risa que escuchó en las salas del tornado y del
lago es la misma que escucha ahora. Igual de inhumana, igual de cruel. De repente
la imagen se nubla y no ve nada más.
-Entonces,
¿tu lazo mundano era tu hermana pequeña?- Asiente a la pregunta con la cabeza,
es incapaz de hablar. Echa su pelo hacia atrás, eso le hace darse cuenta de que
está empapado en sudor.- Ya veo, pero tú no has hecho nada para romper el
lazo.- Derek le mira incrédulo.
-¿Cómo
que no? La vendí a un circo ambulante para que tratara con las bestias, lo más
seguro es que ahora mismo esté muerta.- Termina gritando sin darse cuenta, su
respiración está agitada a causa del miedo que empieza a sentir.
-Pero
si ella no está muerta el lazo todavía existe, por lo que no podrás hacerte con
el control del mundo, ni hacer sufrir a todos los que una vez se burlaron de ti
y te hicieron daño en el orfanato.- Al muchacho se le abre la boca al descubrir
que el espectro estaba al tanto de sus intenciones desde el principio, este sin
embargo solo le sonríe de forma amigable para luego añadir.- Debiste matar tú
mismo a tu hermana y no esperar a que otros hicieran el trabajo por ti,- y sonriendo
de una forma más macabra, le ordena- mira de nuevo por el espejo.
Derek temblando
obedece al guardián y lo que ve le deja desolado. Una muchacha rubia de unos
ocho años está en un bañera llena de burbujas, a su lado hay una mujer
arrodillada que la ayuda a bañarse. Esta vez cuando la imagen se vuelve borrosa,
una garra se cierra sobre su cuello y lo echa hacia atrás. Cuando se recupera
del golpe ve cómo la garra pertenece al espectro y cómo su cara pasa de un
color verde a uno tan negro como el marco del espejo.
-Pero
Derek, amigo tú tranquilo, no te preocupes, que yo te voy a dejar atravesar el
espejo, al fin y al cabo es tu sueño. Sino no habrías dado tu vida por
conseguirlo- vuelve a reírse, pero esta vez su risa es como la del hombre al
que le vendió a su hermana, y resuena por todo el lugar. Mientras el espectro se
ríe, en el espejo se forma una imagen, es el templo por fuera, todo está muy
oscuro, la noche se ha cerrado sobre el desierto. De pronto ya no escucha la
risa del guardián y sus ojos se quedan fijos en un bulto al pie del templo. La imagen
se acerca más y le revela que lo que está viendo es a él mismo. Derek ve su
imagen acurrucada fuera del templo, ve su cuerpo inmóvil, ve cómo su pecho ya
ni sube ni baja, ve cómo está muerto.
-No,
no, eso no es posible, estoy aquí- se dirige al espectro quién vuelve a sonreír
siniestramente.
-Todos
decís lo mismo, pero vuestras avaricias y ansias de poder son tan grandes que
os ciegan por completo. Ninguno veis la verdad.
Al
decir eso señala el camino por el que Derek ha venido. Ahora es muy diferente a
como era cuando entró por él, las paredes que rodeaban el pasillo y el cuarto
han desaparecido, dando paso a un abismo en el que es imposible ver el fondo.
Entonces
Derek se mira en el espejo y este le devuelve la imagen de un muchacho vestido
con una túnica blanca, su rostro aparte de reflejar un terror total contiene dos
globos oculares en blanco. Entonces lo recuerda, los cuadros de la primera
sala.
Se gira
desesperado buscando al espectro, pero este ya no está, solo perdura la risa
desquiciada de un circense que amenaza con volverle loco a él también. Y entonces
lo escucha, el espectro guardián vuelve a hablarle una última vez,- aquí tienes
tu preciada inmortalidad, quedarás atrapado para toda la eternidad en tu propio
cuadro, advirtiendo del peligro del templo a incautos que seguirán llenando las
paredes como tú. Pero antes despídete de tu querido lazo mundano.
Sin esperarlo
una fuerza invisible tira de él y lo saca del templo, puede observar su cuerpo
muerto durante unos segundos. Esa fuerza lo arrastra a través del desierto,
cruzan un mar. La fuerza lo guía por la ciudad de la Torre Eiffel, donde las
nubes se abren para dejarle paso, y en una casa pintada de un color marrón
claro, el cual le recuerda a la arena del desierto, ve a una niña rubia
dormida. De pronto ve cómo la niña abre sus ojos azules y cómo mueve sus labios,
y sin hacerse esperar la fuerza vuelve a tirar de él hacia el templo del dios
Osiris. La risa vuelve a retumbar en sus oídos, esta vez para siempre, atormentando
el resto de su existencia como un alma atrapada, como una ánima.
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París,
26 de noviembre de 1982
La
lluvia torrencial inunda las calles de la ciudad. Los pequeños brotes de luz
que aparecieron en la mañana, son ya un recuerdo totalmente olvidado por los
parisinos, gracias a las negras nubes que cubren el cielo por completo.
El
viento aúlla furioso, como si quisiera escapar de una jaula invisible en busca
de su tan preciada libertad. Algunos árboles no son capaces de resistir la
brutalidad del temporal, y terminan por ceder, cayendo sobre los coches que
descansaban cerca de ellos.
En la
carrera del cielo los relámpagos son los más rápidos en aparecer, iluminan
brevemente los rostros de los niños que miran por la ventana y que se esconden
al llegar el atronador sonido de un nuevo integrante. Los truenos, que se
escuchan por toda la ciudad, portan el aterrador mensaje de que en cualquier
momento partirán el cielo en mil pedazos.
En una
de esas casas ignorando los gritos de libertad del viento, la caída de los
árboles, la luz cegadora del relámpago y la promesa destructora de trueno, se
encuentra una muchacha rubia. Está descansando sobre una cama con sábanas que
no raspan, en una habitación que por primera vez en su vida no debe compartir
con nadie.
Desde
que nació no conoció otra cosa que no fueran los cuatro muros que rodeaban el
orfanato. Un día su hermano de sangre, según lo que les había contado la directora
de aquel lugar, compartió con ella un plan de fuga infalible. Al principio se
negó, alegando que allí tenían todo lo que necesitaban, que no había motivos
para marcharse. Pero él empezó a hablar de la libertad con forma de fresa y
sabor a azúcar, y sería su imaginación la que aumentaría las ganas de conocer
lo que eran las chucherías, provocando que siguiera a su hermano en tan extraño
plan.
Lo que
nunca imaginó, fue que él la cambiaría por un plano a un par de hombres, los
cuales disfrutaban al pinchar con palos puntiagudos a animales que dormitaban
en jaulas ridículamente pequeñas.
Los
últimos cuatro meses de su vida los había vivido acompañada por esos crueles
personajes, quienes la obligaban a limpiar las jaulas, muchas veces con los
propios animales dentro.
Pero un
día, un ángel se apareció ante ella con la apariencia de una mujer de mediana
edad, regordeta y cuyo cabello negro empezaba a blanquearse en algunas zonas. Su
ángel resultó ser la mujer de un inspector que, mientras su marido revisaba las
instalaciones, curioseaba el lugar con la fortuna de encontrarla a ella.
La cara
que mostró la mujer fue una de puro horror cuando la encontró limpiado un
garrote de acero oxidado, en la jaula de un león tan desnutrido que ni siquiera
se molestó en levantar la cabeza cuando la mujer abrió la jaula y la sacó de
allí. Tras eso se presentó con ella y su marido en la comisaría más cercana.
Las
horas siguientes se entretuvo intentando descifrar la conversación de las
secretarias, lo cual le resultó bastante complicado pues solo fue capaz de
escuchar algunos segmentos como: “durante dos kilómetros”, “fin de la
persecución”, “cuatro policías”, “en las vías del tren”, “doce muertos”,
“tiroteo”, “un cabecilla”.
No supo
cuándo se quedó dormida, pero siempre recordaría perfectamente cómo a la mañana
siguiente, al despertarse en una cama con sábanas limpias, la mujer le daría la
noticia de que quería adoptarla.
Una
semana después se encontraba durmiendo en esa misma cama, ignorando el vendaval
que se desataba fuera de la casa.
Sin
embargo la presencia de una luz, indetectable para el ojo humano, cruzó el
cielo, haciendo callar a su paso al viento y acobardando con su presencia a los
truenos. Los árboles cesaron su destructor baile y los relámpagos se
escondieron atemorizados.
Fueron
esos cinco segundos de paz los causantes de despertar a la niña que, sentándose
en la cama, pronunció las dos palabras que bastarían para hacer que la tormenta
volviera a rugir con fuerza; “Adiós Derek”.
Rocío
Diestro García
He tardado, lo sé, lo sé 😓. Pero aquí tenéis el relato más largo que he escrito hasta ahora 💪.







