ZORET
Me
despierta un montón de nieve que cae de las ramas del árbol bajo el que
descanso.
Maldigo
por lo bajo, tengo los pies congelados. Miro a mi alrededor, el paisaje no se
podría definir como alegre precisamente. Hace días que abandoné los senderos, y
siguiendo el curso del río congelado, me alejé del pueblo en el que me había
hospedado. Ahora solo puedo contemplar árboles muertos y torcidos a causa del
viento y la nieve.
Me
pongo en pie, no sin dificultad, y sacudo la nieve de mis ropas. De repente
noto como me rugen las tripas, a medida que he ido avanzando hacia el norte la
comida ha empezado a escasear. Miro en mi zurrón solo para confirmar mis
sospechas, una hogaza de pan duro y unas cuantas bayas es todo lo que me queda.
Suspiro
con fastidio y retomo la marcha, lo cierto es que no sé muy bien adónde me
dirijo, solo sé que los dragones habitan en los picos más altos de las Montañas
Heladas, bastante más al norte de donde yo me encuentro.
***************
Llevo
todo el día caminando, con los sentidos alerta por si encuentro algún rastro o
con algo de suerte alguna presa.
Entonces
veo unos arbustos moverse, el sonido que producen causa que me ponga en guardia
y rápidamente me preparo para el ataque. Respiro hondo, mentalmente me digo que
todavía estoy lejos del hogar de los dragones, mi arco no le haría nada a
ninguno de esos monstruos.
Mis
ojos están fijos en el arbusto, mientras que noto como mi mano derecha, con la
que sujeto la fecha, tiembla contra mi barbilla.
Tomo
aire para intentar relajarme, pero un
nuevo movimiento me hace olvidar expulsarlo.
Lentamente
me voy acercando, a medida que la distancia se reduce me doy cuenta de que en
realidad no es un arbusto, sino una maraña de ramas secas.
Tenso
la cuerda, la flecha está lista parar salir disparada. De pronto una figura se
alza entre las ramas negras.
Esto
consigue sobresaltarme y hacerme errar el tiro. Pero el susto no me dura mucho,
pues la figura, extrañamente, parece ser humana.
Se
despereza de espaldas a mí, mientras que bosteza sonoramente. Todavía no he
cambiado de posición cuando la figura se da la vuelta rascándose la nuca. Al
verme suelta un chillido bastante agudo.
-Espera, espera, espera, espera- comienza a hablar bastante rápido- oye no he hecho
nada malo, por favor baja el arco, de verdad no he hecho nada.- Gesticula mucho
al hablar, me doy cuenta de que a pesar del gritito inicial, se trata de un
muchacho.
Voy
bajando el arco mientras le grito- sal de ahí, te vas a hacer daño.
Para
mi sorpresa comienza a reírse, y brincando sale de entre las ramas. Parece que
todo el miedo que pudiera haber llegado a sentir se ha evaporado.
Se
posiciona ante a mí frotándose el ojo izquierdo. No es más que un chiquillo
enclenque de unos quince años. Unas greñas marrones le cubren parte del rostro,
es tan pálido como todos los habitantes de estas montañas, y varias pecas le
adornan la cara.
A
pesar de toda la ropa de pieles que lleva, se puede ver que está tan delgado
que parece no haber comido en semanas.
Lleva
una especie de cinto negro que le cubre orejas y ojos, cómo es posible que me
haya visto si tiene los ojos tapados. Parece
que nota mi extrañeza hacia la venda, porque se la quita dejando al descubierto
un par de ojos del color de los azulejos de montaña*.
-Se puede ver a través- me habla como si nunca
le hubiera apuntado con un arco- los hice yo mismo para evitar que los irnis
pongan huevos en mi cerebro- una amplia sonrisa orgullosa le cubre por completo
la cara.
-Para empezar, si realmente tuvieras cerebro
no creerías que existen los irnis- le pico con una sonrisa socarrona, a él en
cambio se le ha esfumado la suya y en su lugar ha aparecido una mueca de
indignación.
-Claro que existen, son criaturas del bosque,
los irnis son conocidos por vivir en lugares muy fríos, como esta nieve que nos
rodea. Son muy territoriales, y a la hora de poner huevos prefieren colocarlos
dentro de animales de sangre caliente. También se creía que eran criaturas
malvadas, porque atacaban a todo aquel se cruzara por su camino provocándole
una inmovilización total o parcial del cuerpo. Yo creo que simplemente no saben
controlar su emoción, imagina a alguien viviendo sólo en este lugar, sería de
lo más aburrido. Pues a ellos seguro que les pasa lo mismo, y claro se alegran
tanto de ver a gente que no se controlan.- Termina su pequeño discurso sin
darse cuenta de que realiza demasiados aspavientos al hablar.
-Chaval,
todas las “criaturas del bosque” que creas que existen, no son más que un
cuento que las madres usan para hacer que los niños se porten bien y se duerman
por la noche.- Me he entretenido demasiado hablando con él, he de reemprender
mi marcha, es hora de terminar con esta charla improvisada.- Mira, ha sido un placer, pero
tengo que irme, ya voy con retraso.
-¿A
dónde vas? Por aquí no hay nada interesante.
-Eso
mismo digo yo, ¿qué haces aquí tú solo? ¿Quién eres?
-Yo
soy el gran Zoret, y he venido aquí para demostrar que no estoy chalado. Voy en
busca de criaturas del bosque para capturarlas, y de esa forma todos verán que
digo la verdad y que no estoy loco.- A medida que habla su voz se va alzando
tanto que termina en un grito, lo que contradice un poco la idea de negar su
falta de cordura.
-Mira
chaval…
-Zoret,
me llamo Zoret.
-Mira
“chaval”- le recalco esa palabra- vuelve a casa con tu madre, que la tendrás
preocupada, y déjate de tantas tonterías.
-Pero
yo no puedo volver si no llevo conmigo ninguna criatura- está bastante
alicaído, pero no pienso dejar que eso me afecte, tengo una misión por delante
que pienso cumplir.
-Tengo
una idea para ti- eso parece animarlo, pues levanta su cabeza hacia mí- la
próxima vez lo único que tienes que hacer es dormir sin ese raro antifaz tuyo,
así conseguirás que los irnis pongan huevos en tu cerebro, y podrás volver con
ellos a casa.
Empieza a soltar maldiciones por lo bajo y a
patear la nieve, mientras yo me rio de él.
-
Venga ya, ¿qué tienes cinco años?
-No,
tengo diecisiete- responde furioso. Vaya, por su aspecto habría jurado que no
llegaba a los quince, y su pataleta no ha ayudado mucho.
-Bueno
da igual, yo tengo que irme y tú deberías hacer lo mismo.
-Espera
un momento, yo he respondido a tu pregunta, pero tú no has respondido la mía.-
Se cruza de brazos mirándome fijamente.
-¿Pregunta?
¿Qué pregunta?- Realmente no recuerdo qué pudo haberme preguntado.
-¿Adónde
vas? Se ve claramente que tú no eres de por aquí, por eso me interesa saberlo.
Si mueres me sentiré terriblemente responsable.- Termina con un dramático
suspiro y con la mano sobre su frente.
-Si
muero, tú no sabrás que lo he hecho.- No quiero que nadie sepa adonde me
dirijo, podrían estorbarme en este nuevo negocio.
-No
evadas el tema, respóndeme- es bastante tozudo.
-Si te lo digo, ¿te irás y me dejarás en paz?
-Sí-
responde triunfal.
-Voy
a cazar dragones.
Rocío Diestro García
* los azulejos de montaña son unos pajaritos azules, esta es una imagen:
Ya he vuelto, y como leeréis es la continuación de Rise 😆😆😆.
No sabéis lo que ha costado buscar los nombres para Zoret y para los irnis 😂, ya os lo dije soy negada para los nombres.
Bueno comentad si os ha gustado, si tenéis alguna sugerencia, o simplemente para saludar.
Hasta la próxima 😎.


